Que el mundo lo conquistan las personas valientes, es un axioma universal al que recurrimos cada vez que cambiamos algo en nuestra vida. Que estos cambios son desaprendizajes que nuestra comodidad combate con más o menos éxito, también es conocido. Que la resistencia a la innovación, al crecimiento personal comienza con la defensa numantina de lo aprendido, con la autoobediencia, pues también. Y que, qué carajo tiene que ver esto con el mundo del té?, pues ahora te lo explico.

Cata de téMi actividad preferida es hacer Catas de té porque en ellas revelo experiencias sensoriales rompedoras con lo conocido; las formas del té, sus colores, sus aromas o su liturgia, provocan sorpresas y predisponen a la degustación. Entre las personas participantes en las catas están aquellas a las que le gusta el té, a estas, simplemente, le muestras otros tipos de té y cómo tomarlo para que pueda disfrutar más del producto. Por otra parte están las personas a las que no les gusta el , pero que seducidas por su acompañante se someten a la tortura de la cata. Este último grupo es el retador, al que incitas a desaprender, porque su contacto con el té es la bolsita comercial o las infusiones de su madre cuando estaba enfermo. Les provocas a la rebelión de su memoria, de su experiencia, al espacio de crítica, a la observación, al olvido, en definitiva al entrenamiento en desaprender.